jueves, 3 de mayo de 2012

De la escuela que no quería, a los nuevos retos educativos I

Catedral de Badajoz
Tras la introducción que hice el pasado domingo sobre los 50 años de las Escuelas Virgen de Guadalupe de Badajoz y tal como señalé en esa entrada, me voy a permitir transcribirles íntegramente el texto de la conferencia que pronuncié el pasado 20 de abril en el Acto Institucional de conmemoración del medio siglo de vida de esta institución. Lo haré en tres partes, en tres entradas de este Blog. En la primera, en ésta, durante la conferencia realicé la introducción, contextualicé el tema y les referí sobre "la escuela que no quería". La segunda entrada la dedicaré a referir brevemente la segunda parte de la conferencia, los cambios que se haan producido en la sociedad, centrado en los cambios tecnológicos, y que tanto afectan a la escuela. Terminaba la conferencia (será la tercera entrega) con unas breves reflexiones finales. Ahí va la primera parte. Tras las notas extensas que me sirvieron de apoyo para la conferencia, he tratado de reconstruir todo lo que allí dije, exceptuando las anécdotas y apuntes pegados a la realidad pasada que no entenderían los lectores de este blog.
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1. Introducción

A principios del siglo XX se vivía en una sociedad muy cerrada y estable, en la que era difícil acceder a la información y comunicarse con otros más allá del entorno próximo (por cuestiones económicas, de analfabetismo y de infraestructuras). La educación se centraba en la alfabetización de las personas (lectura, escritura, operaciones básicas...) y, yendo un poco más allá, pretendía que los individuos "memorizaran" información, habilidades y pautas de comportamiento relevantes en su entorno cultural inmediato, que les servirían para toda la vida (los cambios se producían muy lentamente). Sólo las élites socioeconómicas podían aspirar a más.

En la década de los años 40 y sucesivas los cambios se producían con menor lentitud, la educación se iba extendiendo a buena parte de la población. Se empezaba a considerar a la educación más que como gasto, como inversión. 

Las capas sociales menos favorecidas comenzaban a acercarse al bien de la educación. Sin embargo, los contenidos eran aún muy estables y estáticos. Unos estudios hasta un cierto nivel, te garantizaban el futuro. Pues bien, ahí, en esa época se inició esta historia que hoy conmemoramos. 

Curiosamente, hace 50 años terminaba mi carrera de Magisterio en la Escuela Normal de Badajoz. A finales de ese año 1962 comenzaba el maravilloso suceso del que ahora conmemoramos el medio siglo, el nacimiento de las Escuelas Virgen de Guadalupe 

En los primeros días de febrero de 1963, recién inaugurado el edificio del Pabellón A, comencé a trabajar en este centro como maestro, en 3º de aquella Primaria. En ese momento tenía 17 años, a poco más de un mes para cumplir 18. No se sorprendan, entonces era posible lucir en España la carrera de maestro a esa edad, aún siendo menor de edad (la mayoría adquiría a los 21). 

En el segundo curso en Guadalupe, el P. Alfonso Palencia me encargó una tarea que entiendo para ellos, los jesuitas, suponía una prueba de fuego. Me encomendaron un denominado 6º C (chicos entre 10 y 14 años), un grupo muy especial. Aquel curso fue concebido agrupando en el mismo a todos los alumnos problemáticos en conducta y a los más retrasados en sus aprendizajes, en fin, a los que tememos todos los que nos dedicamos a esta noble tarea de educar. 

Aquella experiencia sólo duró un año, aunque debió funcionar. A los 19 años ya coordinaba cursos superiores de Formación Profesional en este centro. 

Pocos tiempo después, el P. Mariano Gálvez, una vez que el P. Enrique Lampreave abandonó nuestras escuelas, me propuso ser Prefecto del centro. Creo, según me dijeron entonces, que fui el primer seglar en España que ocupó cargo semejante en centros de la Compañía de Jesús. Al poco tiempo, esa denominación, más ligada generalmente a religiosos, fue cambiada por la de Jefe de Educación, figura que ostenté hasta mi marcha de estas escuelas en el año 1985. 

En fin, amigas y amigos, pasé en este centro los primeros 22 años de su vida y de mi vida como docente, absorbiendo como una esponja, todo lo que pude aprender de tantos jesuitas interesantes que pasaron por aquí. Varios de ellos me dejaron huella, otros no tanta. Igual puedo decir de tanto magnífico seglar. Tantos profesores comprometidos, ilusionados, convencidos, entregados…, los buenos. También los hubo, y supongo que seguirá habiendo menos buenos. 

Durante aquellos años, quién me iba a decir que yo me dedicaría a considerar a la educación no sólo desde una perspectiva práctica sino como objeto de estudio. Así, mientras echaba muchas horas de trabajo aquí, realicé los estudios de Ciencias de la Educación en la UNED. En 1982 iniciaba mis gratificantes experiencias de docente universitario, como tutor en el Centro Asociado de la UNED de Mérida. Y en el 1985 me "cazaron" para la Sede Central de la UNED en su Facultad de Educación. Allí realicé el doctorado. Me hice cargo de la materia de Teoría de la Educación, desde allí oposité primero a una plaza de Profesor Titular de Universidad y después a la de Catedrático de Universidad. También desde el año 2000, vengo ostentando la Cátedra UNESCO de Educación a Distancia (CUED). Tras desempeñar durante 21 años diferentes cargos de gestión en la UNED central, los ocho últimos años ejercí como decano de la Facultad de Educación más numerosa de España (unos 20.000 estudiantes) 



2. La escuela que no quería


¿Para qué les cuento esto?, pues para que pueda entenderse mejor lo que les contaré a partir de ahora. 

Veamos: 

En 1982 organicé unas jornadas pedagógicas en el Centro de la UNED de Mérida. En esas jornadas, a las que acudieron como ponentes ilustres catedráticos de la universidad española, tuve ocasión de pronunciar una de las 6-8 conferencias que se presentaron. A esto voy, amigos. 

Aquella conferencia la estructuré con lo que yo había vivido los 20 años anteriores en este centro. Qué escuela pretendíamos y cuáles eran mis ilusiones de una escuela mejor. Evidentemente en la conferencia aquella no nombraba a Guadalupe pero les puedo asegurar que allí se destilaba por todos mis poros la experiencia aquí vivida, ya envuelta en más sólidos conocimientos pedagógicos. 

Dos años después, animado por muchos de los que escucharon aquella conferencia, salió publicada en la revista Educadores, en su número 127, de marzo de 1984, un año antes de abandonar Guadalupe. 

Cuando para preparar esta conferencia de hoy me acordé de este artículo, lo busqué y me sorprendí de aquello que yo había escrito exactamente 30 años atrás (1982). Y mi sorpresa venía de que aquello eran reflexiones sobre la escuela emanadas desde mi experiencia vital y soportadas en aquellos conocimientos pedagógicos que un recién licenciado en Pedagogía podía tener. 

Y, claro, la satisfacción viene cuando después de aquel año 1982 he llegado a ser Catedrático de Teoría de la Educación y decano de una Facultad de Educación. Quiero decir con ello que ahora, humildemente, creo que cuento con algunos conocimientos científicos que pueden soportar, argumentar, explicar, demostrar, prescribir, etc., los conocimientos prácticos adquiridos con mi docencia y experiencia directiva durante 22 años en Guadalupe. 

¿Qué escribí tras esos 22 años de vivencia, como esponja que absorbía todo lo que pudiera suponer una mejora de la práctica pero siempre tratando de ligarlo a la teoría, a las reflexiones pedagógicas que pudieran parecerme acordes con mis pensamientos? 

Pues miren, en aquella conferencia de 1982, artículo de 1984, tras el concepto de escuela, incursioné en un epígrafe que denominé “Escuela e ideología”, recuerden, año 1982. Así traté de desgranar los conceptos de escuela neutra, confesional, laica, religiosa, única, libre, pluralista, plural, etc. 

Escribía después sobre esa escuela que deberíamos evitar, visto lo visto. Aquí empecé a sorprenderme. Se trataba de un texto de hace 30 años. Me refería a la escuela que entonces deberíamos evitar. Una escuela (sólo unas cuantas frases del catálogo que yo expuse en la conferencia de entonces, catálogo con 25 recomendaciones). Evitar una escuela: 
  • Que cada vez intenta hacer más cosas en detrimento de las más importantes. 
  • Que ignora la fuerza de la educación paralela, fundamentalmente la protagonizada por los medios de comunicación. 
  • Que crea en los educandos a mayor ritmo, necesidades que satisfacciones. 
  • Que educa sólo para el presente prescindiendo del futuro, o lo que es peor, ni siquiera educa para el presente al estar anclada en el pasado. 
  • Que no libera al hombre de sus ataduras internas y externas. 
  • Que se limita a exacerbar nacionalismos trasnochados. 
  • Que se propone como meta única el preparar a buenos profesionales que produzcan más y mejores bienes, de acuerdo con las ansias desbordadas de progreso económico. 
  • Que es atendida por meros enseñantes, informadores, instructores y tecnócratas de la enseñanza, que olvidan que su principal misión es la de educar. 
  • Que toma partido alineándose políticamente y supeditando su hacer educativo a las directrices políticas emanadas desde arriba. 
  • Que olvida la necesidad de integrar en la formación los valores culturales, morales y religiosos que configuran nuestra sociedad. 
  • …., y así hasta 25 expresiones de la escuela que no quería. 
A la luz de lo que expresaba que yo no quería hace 30 años, me reafirmo que ahora tampoco lo quiero. Cuando me faltaba poco para salir de Guadalupe (yo no lo sabía), soñaba con una escuela mejor que evitase todo lo señalado anteriormente y que fomentase un catálogo de ideas que ahora no les voy a detallar porque eran muchas, hasta 37. Lo dejamos aquí.
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Pues eso, esta primera parte de la conferencia la dejamos aquí, enseguida arrancaremos con la segunda parte que al hilo de los expresado hasta aquí, titulé "La sociedad actual. La sociedad de la información".

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3 comentarios:

Pedro Boza Viteri dijo...

Estimado Dr. Garcìa Aretio, al leer esta entrada de su blog, me da mucha satisfacciòn porque mis ideas sobre la escuela que queremos no ha sido descabellada, pues, usted ya las tenìa desde hace màs de tres dècadas. Ahora puedo respirar con mayor tranquilidad. Llegò un momento en que pensè que estaba perdiendo la razòn de ser de una sociedad que me escucha y me mira de forma muy rara...

antonio andres esteban dijo...

Estimado D. Lorenzo, como maestro desde hace ya 20 años del área de E.F. en la etapa de Primaria me siento realmente feliz al poder leer sencillamente un compendio de amor a la verdadera misión de la escuela, que no se debe detener ante vicisitudes políticas temporales o aparentes cambios de valores en la sociedad.
Ha sido la suya una intervención breve, pero aporta una significativa luz.
Gracias.

Andrés Esteban

aviador dijo...

Le conocí, me dio clases y viví un tiempo en el internado de Santa Marina que usted y algún otro Jesuita dirigían.
De usted tengo buen recuerdo, ha cambiado, yo también. Usted era alto y con gafas (salvo que me esté equivocando) creo que no.
El Padre Lampreave fue un paradigma. Él me dijo que aquello no era lo mío lo cual le agradeceré siempre.
Hay otras cosas que en justicia habría que comentar de la vida de un alumno en aquel prolegómeno de colegio que es ahora y que me tocó vivir. Mejor, non tangere.